lunes, 13 de junio de 2011

Stop


- ¿Nunca has parado el mundo?
- ¿Qué es para el mundo?
- Parar el mundo es decidir conscientemente que vas a salir de él para mejorarte y mejorarlo. Para poder moverte y moverlo mejor. En ese tiempo debes intentar que nadie ni nada te cree problemas. Alimentarte de buena literatura, de buen cine y, sobre todo, de la conversación de una única persona que te inspire en este mundo. ¿Y sabes qué...?
- ¿Qué? - dije emocionada y fascinada.
- Luego el mundo te premia. El universo conspira a favor de los que lo mueven. Y ésos son los que lo paran. ¿Tú quieres mover el mundo o que te mueva?
- Moverlo -dije con seguridad- ¡Moverlo!.
Él se unió a mí y comenzó a gritar conmigo: “Moverlo, moverlo”.
Y todo lo que lo moveríamos...Parándolo...



Texto: Albert Espinosa, Si tu me dices ver lo dejo todo...pero dime ven
Imagen: Mural pintado por todos y por todas en la Plaza de Sol, durante la acampada de protesta.

viernes, 10 de junio de 2011

Abre los ojos


"Cada ser humano es una enorme fuente de energía. Podemos llegar a producir a lo largo de nuestra vida la misma energía que una central nuclear. La cuestión es, a dónde encaminar esa energía. Puedes consumirla haciendo cosas que no te gustan, puedes llenarte de cosas que no te llenan, o en cambio puedes agarrarte a tu vida y dedicar toda esa energía únicamente a encontrar satisfacciones. No lo que los demás dicen que da satisfacción, sino mirar dentro de ti y encontrar cosas que realmente van a llenar tu vida. Tenemos energía de sobra para conseguir todo lo que queramos hacer en esta, nuestra corta existencia...aprovéchala! No la malgastes!"
(Darío, un hippie de la vida al que ayer me encontré mientras curraba en un trabajo de mierda y poco productivo. Hoy he dejado el curro.)

domingo, 29 de mayo de 2011

Parada


Ludovido Einaudi - Primavera: http://www.youtube.com/watch?v=IYCL8ONwH5M

Reparé en aquel chico de sudadera Vespa y unos cascos enormes que le servían a su vez de orejeras. Pelo enrizado, talla delgada y nuez sobresaliente. Con una actitud de ser el único digno de esperar en la parada con las manos metidas en los bolsillos, y un gesto insípido, seguramente en consonancia a la música de sus cascos.
Levantó su mano cuando vio acercarse su autobús.
De repente alguien corrió detrás para subirse al mismo, y sin darse cuenta chocó torpemente con él, disculpándose al segundo.
El chico de la sudadera Vespa resopló.
No le bastaba con haber estado esperando un buen rato en el frío sino que ahora tenía que soportar que alguien le explotara la burbuja de su espacio vital.
Y entonces fue cuando lo vi.
Aquel otro chico despistado se sentó enfrente mía. Preso de la prisa, escogió el primer sitio libre que encontró. Sus movimientos eran diferentes, agarraba las barras del autobús fuertemente. Encogí mis rodillas con el afán de ayudarle a recolocarse en su asiento, y fue cuando me paré a observarle fijamente.



Tenía los ojos celestes, claros, limpios y grandes. Me eclipsé y sentí vergüenza de pensar que podía ser descubierta por su portador. Era la mirada más bella y la vez más triste que jamás había visto. Me invadió su pena y mi mirada debió disfrazarse de la suya.
Yo le miraba a él y él no miraba a nada.
Entonces fue cuando comprendí que eso ojos nunca se habían visto.
Que no podían comprender su belleza ni la del mundo que le rodeaba,
y así fue como comencé a mirar por él.

Imagen: Rumbo181

sábado, 28 de mayo de 2011

Busco



Asustar a la sombra.

Querer anestesiarte.
Los 15 primeros segundos del día.
Loco paciente.
Rebusco palabras inventadas.
El olor a revolución por las mañanas.
Levitar sin lastres.
En Google qué hago con mi vida.
El estallido entre mis piernas.





sábado, 7 de mayo de 2011

Más noches más


- No tengo sueño, cuéntame un cuento. - dijo ella. Era la primera vez en mucho tiempo que no podía dormir de la alegría.
- Yo sí que tengo sueño, así que cuéntatelo tú. - contesté con mis ojos en la tercera fase del sueño.
- Érase una vez una niña, que estaba muy enferma. Necesitaba un trasplante urgente. Un día le llamaron a su casa y le dijeron que tenía que marchar al hospital para ser operada. Sus padres y ella salieron corriendo para allá y la niña fue ingresada. Cuando la metieron al quirófano, la niña dejó de estar asustada, pues el quirófano tenía todas las paredes pintadas de vivos colores. Los médicos y enfermeros tenían en vez de máscaras y gorros, alegres narices rojas y sombreros de punta. Los utensilios de la operación no estaban afilados y tenían las puntas acabadas con bonitas figuras. Ella se sentía feliz y en paz. Le gustaba ese sitio. El médico le decía con voz suave que todo iba a salir bien y ella no podía parar de sonreír. Un enfermero con sumo tacto le colocaba una mascarilla y juntos contarían hasta diez...
Uno...dos...tresss...cua..cuatro...cinco...seeis..sie...

Has vuelto, y no podría estar más contenta por ello.



jueves, 24 de marzo de 2011

Amor líquido

Últimamente (y no tan últimamente) no paro de darle vueltas a los tipos de relaciones que se tienen hoy en día en esta sociedad de consumo, entonces fue cuando oí hablar del término "Amor Líquido" del sociólogo Zygmunt Bauman que analiza la relación directa entre la sociedad de consumo y las relaciones personales, y dice que, hoy en día, las personas se ven más que como personas como bienes de consumo, siendo valoradas a partir del placer que puedan otorgar. Una sentencia dura, mas (a mi buen ver) real. Se prefieren las relaciones superficiales, líquidas, que proporcionan placeres efímeros, bien en forma de sexo o de unas risas después de comer a relaciones más estables, más profundas, relaciones que pueden proporcionar los mayores éxtasis de felicidad, mas también momentos de tristeza y preocupación. Y, como bienes de consumo que somos las personas (me incluyo en el bote) no hay ningún problema en cogernos y tirarnos a la basura cuando ya no funcionamos. Viéndolo de una manera simplista, soy una mopa. Sirvo (tanto yo como cualquiera) para limpiar el polvo que se asoma por entre las rendijas de las estanterías, pero para poco más. Cuando ya estoy demasiado sucia, se me tira. Y, desde luego, nadie se preocupa por limpiar mi superficie, pero tampoco su propia profundidad. Porque esas estanterías siguen teniendo polvo, aunque ese polvo no se vea. O en otro caso ser una tele, que te encanta ver y te entretiene muchísimo, a veces (sobre todo los domingos por la tarde) la programación puede resultar aburrida, pero luego tiene sus momentos de audiencia máxima y programas de éxito, vaya, como todas las teles y aunque funcione a las mil maravillas, ahora sale un nuevo modelo...más plano, con LCD y cable HDMI y te lo acabas comprando, porque te dicen que es lo mejor aunque tu antiguo televisor te funciones como antes.
Consumistas...es lo que somos.

martes, 8 de marzo de 2011

Amarillo


Hoy la luna menguada se ríe de mí,
rachas de suerte mullidas,
ladridos de perro sordo,
oídos disecados.
Fachadas que maravillan
colores verdosos, naranja y amarillo
y que no puedes apartar la vista de ellos,
quisieras instalarte en sus entrañas para siempre.
Aunque la casa esté en construcción,
hubieras podido
doblar rejas de acero, protegiendo así el paso de bohemios pendencieros,
hacer crecer una flor en el asfalto,
hablar el idioma de los felinos callejeros,
amueblarla con delicadas caricias
y calentarla con los huesos calados
hasta convertir el humo de cigarro en notas dulces que inviten el despertar.
La impaciencia se ríe de ti
cuando te ve sentado en una silla de mimbre,
en el umbral, flaco y despeinado, esperando,
durante las cuatro estaciones,
día y noche.
Pajas tristes e historias de sapos y culebras,
que al contarlas repetidas veces mejoran su color.
Me siento triste por ti.
Injusto y cruel castigo el olvido
por haber arriesgado tanto a cruzar la línea
que separa los que envidian sentir de los que sienten.
Los ceros no son nada sin el uno,
las ilusiones no fueron más que un amigo traicionero,
la rabia nunca se agota
y entender se vuelve una palabra torcida y retorcida.
Los consejos te chillan que necesitas tiempo
pero las agujas de todos tus relojes se pararon marcando la hora del desdén.



Buen amigo, oreja y hombro te cedo, pues mucho más no tengo para restaurar la pequeña puerta arañada y astillada de la que conservas la llave que todos quieren y temen.