Últimamente (y no tan últimamente) no paro de darle vueltas a los tipos de relaciones que se tienen hoy en día en esta sociedad de consumo, entonces fue cuando oí hablar del término "Amor Líquido" del sociólogo Zygmunt Bauman que analiza la relación directa entre la sociedad de consumo y las relaciones personales, y dice que, hoy en día, las personas se ven más que como personas como bienes de consumo, siendo valoradas a partir del placer que puedan otorgar. Una sentencia dura, mas (a mi buen ver) real. Se prefieren las relaciones superficiales, líquidas, que proporcionan placeres efímeros, bien en forma de sexo o de unas risas después de comer a relaciones más estables, más profundas, relaciones que pueden proporcionar los mayores éxtasis de felicidad, mas también momentos de tristeza y preocupación. Y, como bienes de consumo que somos las personas (me incluyo en el bote) no hay ningún problema en cogernos y tirarnos a la basura cuando ya no funcionamos. Viéndolo de una manera simplista, soy una mopa. Sirvo (tanto yo como cualquiera) para limpiar el polvo que se asoma por entre las rendijas de las estanterías, pero para poco más. Cuando ya estoy demasiado sucia, se me tira. Y, desde luego, nadie se preocupa por limpiar mi superficie, pero tampoco su propia profundidad. Porque esas estanterías siguen teniendo polvo, aunque ese polvo no se vea. O en otro caso ser una tele, que te encanta ver y te entretiene muchísimo, a veces (sobre todo los domingos por la tarde) la programación puede resultar aburrida, pero luego tiene sus momentos de audiencia máxima y programas de éxito, vaya, como todas las teles y aunque funcione a las mil maravillas, ahora sale un nuevo modelo...más plano, con LCD y cable HDMI y te lo acabas comprando, porque te dicen que es lo mejor aunque tu antiguo televisor te funciones como antes.
Consumistas...es lo que somos.
jueves, 24 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
Amarillo
rachas de suerte mullidas,
ladridos de perro sordo,
oídos disecados.
Fachadas que maravillan
colores verdosos, naranja y amarillo
y que no puedes apartar la vista de ellos,
quisieras instalarte en sus entrañas para siempre.
Aunque la casa esté en construcción,
hubieras podido
doblar rejas de acero, protegiendo así el paso de bohemios pendencieros,
hacer crecer una flor en el asfalto,
hablar el idioma de los felinos callejeros,
amueblarla con delicadas caricias
y calentarla con los huesos calados
hasta convertir el humo de cigarro en notas dulces que inviten el despertar.
La impaciencia se ríe de ti
cuando te ve sentado en una silla de mimbre,
en el umbral, flaco y despeinado, esperando,
durante las cuatro estaciones,
día y noche.
Pajas tristes e historias de sapos y culebras,
que al contarlas repetidas veces mejoran su color.
Me siento triste por ti.
Injusto y cruel castigo el olvido
por haber arriesgado tanto a cruzar la línea
que separa los que envidian sentir de los que sienten.
Los ceros no son nada sin el uno,
las ilusiones no fueron más que un amigo traicionero,
la rabia nunca se agota
y entender se vuelve una palabra torcida y retorcida.
Los consejos te chillan que necesitas tiempo
pero las agujas de todos tus relojes se pararon marcando la hora del desdén.

Buen amigo, oreja y hombro te cedo, pues mucho más no tengo para restaurar la pequeña puerta arañada y astillada de la que conservas la llave que todos quieren y temen.
miércoles, 23 de febrero de 2011
7 días de domingo
Entonces sería cuando empezase a pensar cabalmente.
Porque es un sin sentido intentar buscarle sentido a todo y porque controlar todo sólo lleva al descontrol.

Imagen: Jesús Gutierrez
lunes, 21 de febrero de 2011
Pinceladas
Canción para animar un triste día:
es cuando escribo.
Cuando más callo,
es cuando más tengo que decir.
Cuando más perfecta,
es cuando me miras después de hacer el amor.
Cuando más sola,
cuando te largas del colchón.
Cuando más tonta,
cuando no dije lo que pensaba.
Cuando más vacía,
cuando escucho a mis complejos.
Cuando más feliz estoy,
es cuando estoy con vosotros.
Cuando más nerviosa me pongo,
es cuanto te digo tonterías y finjo que bostezo.
Cuando más grande me siento,
es cuando consigo algo difícil.
Cuando más cerca me siento,
es cuando me alejo para conocer sitios nuevos.
Cuando más eufórica,
es cuando levanto los brazos y grito para cantar.
Cuando más protegida,
es cuando distingo el olor de tu ropa, madre.
Cuando más llena me siento,
es cuando consigo sacarte una sonrisa.

Cuando más viva,
es cuando dejo pensar y vivo.
viernes, 28 de enero de 2011
Sueños que olvidas al despertar
Zahara - (Chico Fabuloso):
mientras tu te frotabas la piel porque te sentías sucio.
Yo te regalaba semillas de exóticas flores
y tú les hablabas poseído por Nietzsche
pero te olvidabas de regar la tierra.
Subimos a lo más alto para contemplar juntos lo que había bajo nuestros pies,
y desde aquel acantilado sólo se veía espesa niebla.
Como si aquel día fuera presagio de nuestro futuro tan incierto.
Falacias y más falacias.
Y lo nuestro pasó, como pasó el invierno.
Y mientras yo buscaba el lado que más me pesaba de la balanza,
tú actuabas.
Y todo por primera vez caía por su propio peso.
La burbuja explotó.
72 horas de luto bastaron y al tercer día resucité entre los puercos.
No hubo más dolor, la culpa desapareció, sólo quedaron recuerdos agridulces
y un país sin ganas de redescubrir.

domingo, 23 de enero de 2011
Los recuerdos son maravillosos si no tienes que afrontar el pasado.
Where did you sleep last night:
La mayoría de personas, cuando tienen una aventura o una relación larga y rompen, la olvidan. Pasan a otra cosa y olvidan como si nada hubiera pasado.
Yo jamás he olvidado a alguien con quien he compartido algo, porque cada persona tiene sus cualidades propias. No se puede reemplazar a nadie, lo que se pierde se pierde.
Cada vez que he acabado una relación me afecta muchísimo, jamás me recupero del todo. Por eso pongo mucho cuidado en las relaciones, porque me duelen demasiado. ¡Aunque sea un rollo de una noche! No suelo tenerlos porque echaría de menos las cualidades propias de esa persona.

Necesito los pequeños detalles, son el reflejo de cada uno de nosotros. Es lo que echo de menos constantemente. Por eso no se puede reemplazar a nadie, porque todos estamos hechos de pequeños y preciosos detalles.
Texto: Antes del atardecer
martes, 18 de enero de 2011
Instantes
Si pudiera vivir nuevamente mi vida,
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos,
haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas que vivió sensata
y prolíficamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás trataría
de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos que nunca
iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años...
y sé que me estoy muriendo.
(poema atribuido a Jorge Luis Borges)
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